Eras mi mejor amigo, me apoyabas en las malas y seguías mis locuras en las buenas; conocías oscuros secretos míos, me ayudabas con mis deberes escolares, me dabas mis buenas regañadas, fuiste mi terapeuta de cabecera y tus ocurrencias iluminaban mi día por más gris que éste fuera. Yo te escuchaba, te aconsejaba, te animaba; estaba ahí ciegamente para tenderte mi mano como una gallina cuida de sus pollitos, te apoyaba con los dramas de tu ex y su madre… Y a pesar de ese punto; de que eres mayor que yo, todo un profesionista; de esos pequeños detalles y de que lo que nos unía era un monitor de 17 pulgadas y una PC con conexión a internet y servicio de chat; a pesar de todo, así me fui enamorando de ti.
Todo inició demasiado rápido. Lectores del mismo web cómic y ni siquiera sabíamos que existíamos. Pero mi avatar de caricatura hecho por mi amigo te llamó, te atrajo al igual que uno ve una cara conocida en la calle. Me agregaste a tu lista de blogs, me leías y un día de septiembre rompiste el silencio, me comentaste. Te devolví el gesto cortésmente, comencé a comentar en casi todos tus posts. Pero algo cambió; me agregaste al servicio de chat para pedirme un favor: No comentarte en aquello dedicado a tu novia…
Fingí sentirme regular y tranquila, que no me interesaba, pero comencé a sentir mi corazón bastante inquieto. Solamente atiné a responder “No hay problema…” ¿Porqué tendría que haberlo? Ni siquiera nos conocíamos y estabas enamorado de ella… Solo algo no me gustaba de fondo ¿Celos? Según mi infantil cabeza se necesitan dos personas para los celos, un provocador y un idiota… Aunque dado que fue nuestro primer contacto más o menos formal y que realmente no sabía nada de ti, decidí no dejar fluir mi impulsivo cerebro. Decidí dejarte ser y conocerte.
Nada trascendente en esa charla, lo usual que le preguntas a alguien que acabas de conocer. Supe que te faltaba semestre y medio para terminar la carrera, que odiabas a tus hermanos y que tenías una novia a la cual amabas con locura. Y te enteraste que acababa de comenzar el primer semestre de mi carrera, que tengo una hermana a la que adoro y que nunca había tenido mi primera relación amorosa. Al parecer conservaba una leve esperanza… la cual se fue y se hizo pedazos cuando me contaste que te ibas a comprometer con ella, que la amabas y que lo que esperaban era que ella terminara sus estudios. Sentí querer tomar el monitor del computador y estrellarlo contra el suelo; todo por alimentar una ilusión, por aferrarme a algo que nunca iba a pasar.
Cuando volví a la Tierra, ciega de tanta impotencia, ya no era la misma chica; me resigné a ser tu amiga. Algo andaba mal en mi mente, así que comencé una loca búsqueda descontrolada de amor, con el fracasado propósito de querer olvidar y apagar el sentimiento. Pero la búsqueda falló. Me fijaba en idiotas y en gente que terminó lastimándome demasiado. Tanto que acabé creyendo que no había nada para mí en el mundo exterior… Y te diste cuenta de eso, comenzaste a repetirme en cada oportunidad que no me fijara en pequeñeces y que realmente era muy bonita, que pisoteara a todo aquel que me dañara con tacón de aguja; que nadie que me hiciera daño merecía mis lágrimas. Con tu mano amiga, fui diluyendo poquito a poco mis sentimientos hacia ti… aunque, como decía mi abuela, “Donde hubo fuego, cenizas quedan…” ¿O no?
Así fueron pasando los meses… Uno, dos, tres, cuatro… Diez, once…
Te graduaste… Y yo no podía estar ahí, estaba ella… Ya no me dolía tanto el hecho de que tu corazón se encontrara ocupado, me afectaba el que como amigos no pudiéramos estar juntos. No poder darte tu abrazo de graduación o tu regalo de cumpleaños; o el simple hecho de “¡Hey! Fin de semana ¿Estas libre? ¿Vamos por un helado?” Cada vez más me pesaba ese muro construido por la ausencia y la distancia, donde se encontraba tu mujer como eterna y posesiva centinela.
Y lo peor, lo siguiente e inevitable… Iba a dolerme más… Tenías que irte más lejos a continuar estudiando y perfeccionando tu praxis… Partías a un universo desconocido para ti, tenías que trabajar fuera de tu ciudad y eso significaba demasiado: Dejar a tus padres, perder el contacto con tus viejos amigos, dejarla a ella y perder el contacto conmigo.
Todo valió madre. Los conflictos aumentaron… Creí enamorarme de alguien más y ella empezó a no soportar la distancia… El trabajo te absorbía, mi psicólogo de cabecera no estaba disponible, descargué mis frustraciones contra mi propio desempeño. Reprobé el semestre, me le declaré a ese chico y me dijo que no, tuve problemas con mi madre, mi mundo se derrumbó… Quise irme por la “salida sencilla”… Intenté, pero no es tan fácil como dicen. Me detuvieron en el intento y me sentía peor. Cuando pude retomar contacto contigo y lo supiste, te preocupaste demasiado y te enfadaste. Dijiste que me estaba dejando llevar, que no pensaba en la gente que me apreciaba, que no pensaba en ti… Me quedé helada. Descubrí que tal vez te interesaba más de lo que creía, pero no quería ilusionarme.
Y el problema mayor llegó, el que nos trajo aquí. Ella terminó contigo. Te vi destrozado, derrotado, completamente apagado, extrañándola, deseando que todo fuera un mal sueño, la lloraste. Yo estaba atada de manos, no podía hacer nada. Simplemente me limite a decirte que si necesitabas con quien desahogarte no dudaras en acudir a mí, que necesitabas tiempo para superarlo y que te apoyaba. Pero por dentro me llenaban las ganas de destrozarla por haberte hecho tanto daño, era tu mejor amiga, era obvio que me sintiera así.
Al tiempo me dijiste que habías conseguido olvidarte de todo aquel sentimiento por ella. Te dije que felicitaba tu fortaleza; pero no pude evitar sentirme alegre, ya había comenzado a ilusionarme. Esa declaración significaba una cosa: estabas ya más cerca de mí.
Los meses siguieron… Diecinueve. El momento llegó…
Inicié sesión como cualquier día más, aquel día soleado de mayo. Puse una foto mía nueva y me dijiste que me veía hermosa, que mis ojos proyectaban ego y dulzura, que el color violeta me quedaba muy bien, que de no ser porque era tu amiga ya hubieras abusado de mí. Solamente desde mi monitor reía… Hasta que diste el siguiente paso: “Me gusta cómo eres y siempre me has parecido una mujer muy atractiva… Pero sería relación a distancia y sería difícil mantenerla…” No sabía qué hacer o decir. Era lo que esperaba, lo que deseaba, pero no tan de repente… “¿Y si lo intentamos? Si te soy honesta, siempre me has gustado… ”
“Sí…”
Y hoy hace un mes, esta aventura inició. Hoy hace un mes nos volvimos uno…

Gracias por rescatarme del abismo, al igual que Chii fue rescatada... Te quiero mucho, Gatito Becker...
Te amo mi pedazo de cielo... Te amo, Eduardo...
Auf wiedersehen!
UPDATE: Esta entrada fue también publicada en otro blog por motivo de su respectivo anivarsario, pero no pudieron ser lanzadas de manera simultánea, fue publicada ayer... Gracias por el espacio, compañero misántropo :)
Wow...
ResponderEliminarAhora todo resulta tan comprensible; espero que ambos logren conservar ese amor tan puro y sincero.
=D
ESTE POST ESTA MAS LARGO QUE UN MITOTE
ResponderEliminarXD
Hey chamaka, que buena onda... me avente tu historia aca toda de emoción máxima.
ResponderEliminarÉchenle ganas y pues lo mejor de lo mejor pa los dos =)
Hermoso cariñoooo, hermoso cariñooo que dios me ha mandado nomaaaas para miiiii...
ResponderEliminarAhhh que bello es el Amore!!
Felicidades Lucerita!
Ambas dos entradas lucen muy bien, jejeje.
ResponderEliminarYa sabe, camarada misántropa... suerte con su amor, echele ganas y ámense hasta que les duela.
Eso es amor, y no chingaderas (creo) :s
ResponderEliminarSaludos y que dure lo que tenga que durar (njo mas) :p
O//////O
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