Bueno, les traigo la segunda parte de esta historia que comencé a publicar la semana pasada y aún estoy escribiendo; en mis expectativas está no pasarme de 4 ó 5 partes para no hacerla tediosa ni alargarla innecesariamente cual telenovela cutre. Ojalá la disfruten tanto como yo lo he hecho al escribirla.
Por cierto, ya tengo en mente una nueva historia (A la que titularé Kirschen) y probablemente terminando esta les traiga nuevas tiras de Memedicina, como ya volveré a la escuela en dos semanas, las aventuras van a aumentar ;) Espérenlas con el nombre de: La octava última y nos vamos.
Ahora sí, la historia...
Supuestamente hoy regresaría César a casa, estaba algo alterada, obviamente por la visita anterior de Antonio. Era imposible que César supiera lo ocurrido, pero algo en mi interior no me dejaba tranquila; para callar la voz de mi conciencia me puse a prepararle una linda sorpresa, salí a comprar un conjunto de lencería púrpura muy sensual, preparé chocolate fundido con licor para bañar frutas; me puse la ropa íntima nueva cubierta solamente por un abrigo ligero y me dediqué a esperar su llamada o que llegara, él debía estar en casa a las cuatro de la tarde.Dieron las cuatro con treinta, las cinco, las seis, las siete, las ocho sin saber nada de César. Comencé a preocuparme, ya había demorado mucho; llamé a su celular, no hubo respuesta. En ese momento llamaron a mi puerta, salí presurosa a abrir, era un repartidor de flores, se veía algo consternado.-¿Es usted la prometida de César Dueñas? -Me preguntó seriamente. Algo anda mal, pensé de inmediato.-Sí… ¿Por qué me pregunta? ¿Y quién es usted?-Firme esto. -Me extendió una tablilla con una hoja de entrega sin agregar más, posteriormente me entregó un majestuoso arreglo floral. Respiré aliviada, por unos instantes había pensado lo peor. -Otra cosa… -Añadió. -Su prometido tuvo un accidente saliendo de la florería. Un autobús perdió el control y le pasó por encima, está grave.-¿Qué? ¿Está seguro de lo que dice? -Exclamé.-Sí. Estábamos subiendo a la camioneta unos pedidos pendientes cuando él llegó a comprar este arreglo floral para usted. Estaba tomando nota de las direcciones para reparto, entonces el dueño y yo escuchamos un estruendo afuera de la florería. Pensamos que algún idiota se había estrellado contra el cerco del local, así que salimos; vimos el autobús ensartado en un poste de alumbrado, algunos heridos y al señor Dueñas debajo del vehículo. Los chismosos llamaron a emergencias y varios paramédicos llegaron a atender a la gente. -Me explicó serenamente.-No… Pe… Pero… -Sentí que el alma se me desprendía del cuerpo, no podía hablar ni llorar, estaba paralizada. -¿En qué hospital está?-Por lo que dijo el paramédico, el más cercano es el Hospital del Centro. No sabría decirle más. Que pase buena tarde.Tras ese comentario, casi quise apuñalar al repartidor. Dejé las flores en la mesa del comedor, tomé mi bolso, salí apresurada a la estación de taxis y pedí me llevaran al hospital. Comencé a hurgar en mi cartera desesperadamente, buscaba un número de teléfono; al encontrarlo marqué nerviosa, cada timbre de espera del celular me ponía más alterada.-¡Cógelo! ¡Cógelo! ¡Cógelo! -Le ordené inútilmente al aparato, me mandó al buzón de mensajes de voz y colgué. Diez segundos después me devolvieron la llamada.-Hola… -Me dijo una voz cansada al otro lado de la línea. -¿Quién es?-¿Antonio? ¡Soy Lucy! ¿Te he interrumpido en algo? -Pregunté nerviosa.-Sí Lucy, soy yo. Solo descansaba del trabajo ¿Qué pasó? Te escuchas perturbada…-Es César. Tuvo un accidente y está en el hospital. Disculpa que te moleste, pero no supe a quién más acudir.-No, no me molestas; solamente estaba algo cansado ¿Tú te encuentras bien? ¿Quieres que te acompañe al hospital? ¿En cuál está tu novio?-En el Hospital del Centro ¿Seguro quieres acompañarme?-Sabes que estoy para lo que necesites. Salgo enseguida para allá. Vete con cuidado.Estaba tan desconcertada que no me di cuenta el momento cuando el taxi llegó al hospital, todo pasaba de forma automática para mi. Es cierto que César no despertaba en mi la misma pasión de principios de nuestra relación, pero lo quería y era alguien importante en mi vida, el hecho de saber lo que le había ocurrido me llenaba de preocupación, pero sobre todo de tristeza. Entré a la sala de Urgencias y pregunté a la enfermera por él, me dijo que esperara y en su momento alguien saldría a avisarme. Me senté, entonces vi a Antonio entrar; se dirigió hacia mi, se sentó en la silla de al lado y me dio un abrazo.-¿Cómo está tu novio?-No lo se, la enfermera dijo que esperara. No es justo, trabajo aquí y no puedo pedir la información que necesito saber… -Reclamé.-Tendrás que tener paciencia. Ahora no eres médico, eres otro familiar más y no puedes hacer mucho al respecto.-Odio los hospitales. -Dije entre dientes. Antonio se rio.-Los hospitales te dan de comer y vestir, niña. No lo olvides.-Lo se, pero odio profundamente venir a un hospital en calidad de familiar de paciente. Lo odio más que venir como enferma. -Antonio se volvió a reír. -No le veo lo gracioso, Antonio.-La situación no me produce gracia, sino como lo dices. Ya se lo tedioso que resulta venir a un hospital y no ser atendido, pero piensa, la gente al acudir a nuestra consulta pasa por la misma frustración que estás pasando ahora. Algunos se quejan y son hostiles cuando los atendemos, pero otros soportan amablemente hasta su turno; tú y yo sabemos por qué, saben que cruzando esa puerta la espera habrá valido la pena, el médico los atenderá y les dará el tratamiento indicado para curarse. Ahora tú tienes que ser fuerte, sobre todo por tu novio y para poder soportar este momento tan difícil; igual no te preocupes, estaré contigo y te acompañaré en todo lo necesario. -Sonreí a pesar de las lágrimas corriendo por mi rostro, Antonio me abrazó con fuerza. Me separé de él y me puse de pie.-Espera aquí, iré a buscar un teléfono público para hablar al trabajo de César y explicarles la situación. Las llamadas de larga distancia son muy costosas desde mi celular.-Ve, estaré al pendiente si informan algo.Salí del hospital, me dirigí al teléfono público frente a la puerta de salida. Sabía el número del jefe de César de memoria, así que marqué rápidamente; le expliqué que César no iría por tiempo indeterminado debido a su accidente. Su jefe dijo que no me preocupara, tramitaría una incapacidad y le conseguiría un remplazo. Luego fui a una tienda de conveniencia cercana, compré un café para Antonio y para mi; era tarde, el frío ocasionado por las últimas lluvias corría vagamente, el cielo se cerraba, parecía que volvería a llover, así que el café era el mejor compañero en esta noche en vela.-Oye, no debías molestarte. Pero gracias por el café, Lucy. -Me dijo Antonio un tanto sorprendido al darle su vaso.-Es lo menos que puedo hacer para agradecerte. Estás aquí, esperando noticias del novio de tu mejor amiga con la que te besaste hace días. -Antonio se quedó congelado.-Te vuelvo a pedir disculpas por eso. No estuvo bien, menos ahora que estoy viendo lo mucho que te preocupas por él.-Es cierto, estoy preocupada, aunque ya no sienta lo mismo por el, ha sido una pieza clave en mi vida y le tengo cariño. Coincido contigo sobre lo inadecuado de nuestros actos, pero no me arrepiento de ello. -Le dirigí una sonrisa mientras decía aquello, él asentía y le daba un sorbo a su café. Más tarde comencé a sentir sueño y me quedé dormida.
Auf wiedersehen!
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