Hay algo de mi que casi nadie sabe. Cuando era niña, me emocionaba ver los desfiles de soldados por televisión; si salíamos de viaje, al llegar a la inspección militar me causaba una gran impresión ver a todos esos hombres vestidos de verde en medio de la nada, en campamentos cumpliendo su cometido; también una de mis aspiraciones era pertenecer a la escolta en la primaria (nunca pasó, el tipo de E. Física me odiaba) e incluso fui parte del coro escolar que concursaba interpretando el Himno Nacional.
Con el tiempo mi sentido patriótico fue aflojando, tal vez debido a mi poca rebeldía de adolescente o la rutina de todos los lunes de honores a la bandera, más recientemente con la guerra contra el narco y los abusos de algunos integrantes de las fuerzas armadas. Pero mi admiración hacia los hombres de verde permanecía en un rinconcito especial de mi corazón, esto ha prevalecido hasta el día de hoy.
En mi último año de bachilleriana, mientras decidía lo que sería de mi vida en un futuro cercano (No sabía si ser Médico o Q.B.P.), un día nos visitaron algunos militares de alto rango, nos invitaban a formar parte de la escuela militar; hicieron especial énfasis a su escuela de Medicina. Mis oídos y ojos se iluminaron, por un momento pensé en ir a la Zona Militar local, hacer examen de ingreso y largarme al D.F. para ser Médico Militar... Recordé entonces algunos problemas de salud que reducían a nulas mis probabilidades de cumplir ese anhelo. Finalmente terminé estudiando Medicina aquí y la historia ustedes la vienen siguiendo desde hace casi 5 años.
Cuando elegí la plaza de internado, mis opciones eran irme al ISSSTE o al Hospital Central; el Hospital Militar no lo tenía completamente contemplado al haber solo una plaza y muchos compañeros con mejor promedio a mi. Se llenó primero el Central, luego los privados y la chica antes a mi llenó el ISSSTE; quedaban de plaza el Hospital General (ASÍNTOTA: Puede ser, puede ser...), el IMSS (ASÍNTOTA: No gracias, prefiero ser esclava de la sierra), irme de la cuidad (ASÍNTOTA: Si aún hay aquí ¿Para qué te vas?) y el Hospital Militar (ASÍNTOTA: ¡ESE! ¡ESE! ¡ESE!). Pedí mi plaza ahí y cuando le dije a mis padres, recibí una respuesta curiosa:
"Suena bien. Después de todo tú querías ser Médico Militar. Nos da gusto por ti, que bueno que no te fuiste; por algo te ganaron la plaza del ISSSTE..."
¿Coincidencia? No lo creo. ¿Mano de obra divina? Menos, no creo en dios. ¿Destino? No me gusta creer que no controlo mi vida... Sea cual sea la razón, es lo más cercano a aquel loco sueño de ser Militar, mi llave de acceso a un hospital completamente distinto y el poder convivir con esos sujetos de verde que de pequeña me causaban gran admiración...
Será un buen año, mi misión es no echarlo a perder... Como decía Don Artemio Miranda a Regina "Tienes futuro por delante. No hagas pendejadas..."
Auf wiedersehen!
P.D. Han de disculpar lo trillado del título, pero creo no había otro mejor...
P.D. 2 Este es el último post del año, así que ¡Feliz año nuevo y que el próximo sea mejor!

Muchas felicidades :D
ResponderEliminaruy, tu queriendo entrar en la escolta, y yo conozco a una personita que les dijo que no a los profes cuando hasta de abanderada se la querían dar... y dos veces u.u
ResponderEliminarY pues tu disfruta el tiempo que estés ahí, y sobre todo, consigue el teléfono o lo que sea de los militares guapos :3