Ustedes recordarán que desde finales del internado mi instinto maternal estaba alborotado, finalmente en mi año de servicio encontró la forma de desahogarse... No, no estoy embarazada ni me he convertido en mamá (aún), al menos de un bebé humano.
Seguro pensarán "¿Cómo que no humano? ¿Y si no de qué, pinche Lucerita loca?" Bueno, a eso voy... Les presento a la primer hijita entre Lalo y yo...
Cali llegó a mi vida en Abril, cuando estaba en San Javo (lo único bueno que conseguí en ese maldito rancho). Una señora buscaba hogar para la camada que acababa de tener su gata, un pequeño tipo tabby, otro blanco parecido al gato de Stuart Little y a mi niña. En un principio pensaba quedarme con el gato blanco, hasta que la señora me dijo "Hay otro gato, uno negro. Está escondido, pero se lo busco..." Regresó con una mini gatita negra medio asustada, quien al momento de ponerla en mis manos, se dejó acariciar y se acurrucó conmigo. En ese momento supe que no podía separarme de ella pese a las advertencias "¿Está segura, doctora? Los tres gatitos aún no comen solos, les da teta la mamá..."
La siguiente semana fui una madre primeriza amorosa. Enseñé a mi niña a usar la caja de arena, la alimentaba con biberón, la acunaba conmigo, la veía dar pasitos torpes por el departamento, jugaba con ella y recibía como recompensa ronroneos en mi almohada a la hora de dormir. Cuando me fui de ese pueblo, la suerte de Cali cambió y no podía dormir conmigo (por mis roomies), se quedaba afuera y en algunas ocasiones escuchaba a Roomie Antipática ahuyentarla a escobazos gritándole. En una ocasión se perdió por tres días donde sentí mi corazón partirse, cuando la vi de regreso maullándome corrí a abrazarla y llenarla de cariñitos...
El tiempo pasó y Cali me acompañó al nuevo rancho, donde podía chiplearla a rienda suelta, dormir con ella y recibir de agradecimiento ronroneos y lamidas. A veces la boba peleaba con el microondas (en serio, le maullaba y siseaba), socializaba con otros gatos por la ventana, tiraba mis cosas de la mesa, me colgaba el teléfono, se ponía mis zapatos en la cabeza o se acostaba en mis libros, pero siempre era divertido entretenerme con sus ocurrencias estando sola en medio de ninguna parte. Incluso estando allá Lalo tuvi la oportunidad de conocerla y ser lamido por ella...
Ahora que volví a casa, mamá me permitió quedarme con Cali siempre y cuando se quede fuera en el patio y me ocupe de ella. Ya está esterilizada, me exige agua y alimento muy temprano y es una gruñona gatita juguetona de quien nunca me podré arrepentir de haber adoptado. Lalo y yo la amamos y se que en casa la quieren mucho (incluso mamá que odia a las mascotas. Sufrió mucho junto con Cali cuando la operaron), de lo que estoy segura es que mientras dure los años que deba durar e incluso después de su ocaso, ocupará un lugar enorme en mi corazón...
Después de todo, tenerla conmigo fue avalado por mi Psiquiatra para no acabar más loca de lo que ya estaba...
Te quiero mucho, pequeña Cali...
Auf wiedersehen!
La niña enojona de papá :3
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