Hallo!
Hoy en la mañana antes de dirigirme al trabajo hice una escala al hospital que fuera mi casa durante el año de internado; el principal motivo de mi visita fue consultar al Ginecólogo quien me está atendiendo desde hace tres años (larga historia), además de repartir invitaciones a mi boda a aquellos doctores parte de ese selecto círculo importante, a quienes queremos Eduardo y yo para compartir el día más especial en nuestra historia de pareja... En fin.
Uno de los médicos en esa lista, me pidió lo alcanzara en el área de hospitalización para entregarle su respectiva invitación. Al ir en camino algunas personas conocidas me saludaron con mucho cariño, también estaban muy interesados en saber cómo había avanzado mi trayecto profesional en estos casi tres años de haber terminado el año como becaria. Del mismo modo me sorprendí de los ligeros cambios dentro del edificio, además de cómo me invadió una mezcla extraña entre nostalgia y emoción; estaba muy contenta de atravesar esos pasillos que durante un año me vieron pasar, reír, correr, estudiar, renegar, llorar, compartir con mis compañeros, discutir con los superiores, analizar casos clínicos con todo el mundo, realizar los pases de lista obligados cada mañana, quedarme dormida, comer con apuros, incluso ir en brazos o tomada de la mano con mi futuro marido en alguna ocasión posterior al acompañarme a las citas con el Psiquiatra.
En muchas veces me pongo a pensar sobre el paso veloz de ese año como arena entre los dedos, lo mucho aprendido por parte de cada médico, lo lejano que se oye decir "Han pasado más de tres años de haber empezado el internado", los grandes amigos y experiencias acumulados desde entonces o cómo estaba tan verde empezando ese camino con apenas 22 años cumplidos entonces. Analizo todo eso, concluyendo que el internado fue uno de mis mejores años en la vida...
Hoy, a pesar del menudo sopapo que me pegué en la rodilla (torpemente contra el portón del hospital; no pregunten) y haberme faltado una invitación por entregar, regresé a casa con una singular alegría de reencontrarme en un edificio que a pesar de tanto tiempo no he dejado ni dejaré de verlo como mi casa.
Auf wiedersehen!
Ustedes no quieren hacer enojar a Homero...
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