Hallo!
No se por cual parte iniciar este post, tal vez sea efecto secundario de los medicamentos para la gripa, la frustración de mi trabajo o tal vez el haber reiniciado mi terapia farmacéutica con los antipsicóticos lo que me aturde para hilar un buen escrito. He de confesarlo: Me siento miserable al notar que las medicinas alteran mi proceso creativo. Aún así me reconforta recordar a varios artistas quienes también estaban algo mal de su mente...
Al parecer, ya empecé a divagar y desvariar...
Regresemos al punto de partida.
El día para Marido empezó de una forma poco habitual, a las 00:20 horas por una llamada mía tras una siesta involuntaria de aproximadamente cuatro horas. Esto en particular no es raro, suelo despertarlo para hablar con él o llamar preocupada si tiene horas sin responder (pregúntenle a mi suegra, a veces cuando dura horas desaparecido le he llamado para saber si está él bien), igual el ser paranoica y eterna preocupona por mi esposo tampoco es raro. Lo extraño fue que al tener un par de minutos conversando por teléfono sobre películas, ñoñerías, bobadas y fantasías acerca de nuestro próximo reencuentro (otro grupo de temas bastante habituales entre nosotros), minutos después cambié la plática de forma aleatoria:
–Mi amor...–¿Sí bebé?–Gracias.–Nada. Estiro mi espalda. –Él entendió "¿Qué haces?", bastante sordo es Eduardo, por cierto.–No, amor. No me entendiste...–¿Qué pasó?–Te dije: Gracias.–¿Por qué, mi niña?-Por haber llegado hace ocho años a cambiar mi vida.–Bebé... –Silencio, yo sé bien que en ese momento está sonriendo al otro lado de la línea, a más de 300 km de distancia. Luego hace un gruñido alegre.
El tiempo vuela, las personas cambian todo el tiempo entrando y saliendo de la vida cual mazo de cartas siendo barajado; muchos se van, algunos permanecen en el recuerdo, pocos se quedan algún rato, los menos de esos últimos forman parte durante toda la vida. Ed entró en mi existencia de una forma muy aleatoria, repentina; así como llegó de forma súbita, fue la revolución que despertó en mi y lo mucho que ha representado en estos ocho años de convivencia. Hoy es mi esposo, pero antes de eso ha sido (sigue siendo) apoyo, mi mejor amigo, mentor, jalados oficial de orejas, pañuelo de lágrimas, proveedor de risas en circunstancias inapropiadas (es capaz de hacerme reír como idiota en mis crisis depresivas), oído atento, buzón de quejas, repartidor de putizas para quien se atreva a dañarme, consuelo, compañero freak, punto de intercambio para chistes malos, inyección de autoestima, asesor legal, asesor de imagen almohada gigante, rascador de espaldas, amante, colega, incluso médico de cabecera ante mis cuadros neurológicos, entre miles de cosas más.
De esos ocho años donde hemos tenido el gusto de coincidir casi la mitad lo hemos pasado como pareja, a pesar de la distancia hemos compartido muchas experiencias buenas y malas donde intercambiamos el rol de cuidar uno al otro. Son los ocho años más recientes de mi existencia, los cuales no cambiaría por ni ante nada.
Eduardo, en ti encontré al hombre de mis sueños y sé que tú encontraste conmigo a tu persona especial. Haz hecho honor al significado de tu nombre como mi guardián; hoy celebro contigo otro año de haberte conocido, un año más de convertir 96 meses en extractos de felicidad contra 215 previos de amarguras...
Eduardo, en este momento solo puedo repetir lo mismo que te dije al empezar este día:
Gracias.
Auf wiedersehen!


Feliz aniversario también a tí, mejor amiga mía <3
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